
Si bien, las posiciones en la historia respecto a la violencia institucional que sufrió nuestro país en la década del 70, son diversos y con distintos enfoques, ya sea porque algunos mencionan que el caos comenzó con el propio Perón y la AAA, y otros marcan una diferencia, alegando que la violencia estatal empezó con el gobierno militar, lo importante es condenar la violencia del poder en todas sus expresiones. Lo malo es valerse del Estado para perseguir la ciudadanía, valerse del poder para maltratar a la prensa, valerse del Estado para amedrentar, para violentar, etc.
Si bien, lo vivido en los 70 escaló el peor de los escenarios, dado que se perdieron muchas vidas, y en ese sentido, hablamos de algo irrecuperable, que generó un dolor profundo en nuestro país, tristeza que continua hasta el día de hoy; es un buen momento para reflexionar y condenar la violencia institucional en todas sus manifestaciones y apelar a la reflexión de la clase política, repudiando la violencia en todas sus manifestaciones. En este sentido, las distintas fuerzas políticas que actúan a nivel local, deben manifestar su completo repudio a las acciones violentas que propone el Estado a nivel local, dejando además claro, que es la clase política la que debe dar el ejemplo ético, buscando la paz social, la cuál no se construye a fuerza de castigo, ni buscando infundir temor, como vienen procediendo con el personal de la localidad de O’Brien. Además es un buen momento para condenar y descalificar las expresiones de los agentes de seguridad local, que hasta han llamado de forma despectiva a los jóvenes de Bragado en su afán de recaudación. Repudiando los dichos de Busto en relación a dicha juventud como: » Lacras y futuros delincuentes»
Que el Nunca Más sirva para todo tiempo, que no haya sido en vano la vida de todos aquellos, y que la democracia tenga instituciones fuertes, y políticos que respeten a los ciudadanos que les confían gestiones, priorizando el sentir constructivo, y actuando dentro de la ley.
NUNCA MÁS, es NUNCA MÁS