
Estuve leyendo los artículos Perón, el fascismo y el corporativismo moderno, y La
banalización de del fascismo, este último escrito por Lucas Bonadeo.
Este último artículo comienza con una cita de Maximiliano Fuentes Cordera, para luego
comenzar a describir que se intenta adjetivar al gobierno de Javier Milei con la palabra
fascismo para desacreditarlo y equipararlo al régimen horroroso que implantó Musolini en
Italia.
Conviene destacar que Adorno en su libro Dialéctica Negativa, tiene un apartado que se
llama “Auschwitz” (Adorno lo usa como sinécdoque de las prácticas ejercidas por los
regímenes totalitarios que acontecieron en Europa a mediados del siglo XX), en el cual
plantea que luego de ver los horrores que realizaban contra muchas personas, las palabras
ya quedan vacías de contenido, sin peso, debido a que en este centro de exterminio hay una
racionalidad negativa que concluye en la administración de la muerte.
Si bien el gobierno de Javier Milei no ha surgido con estas ideas, tiene prácticas que lo
asemejan, y que hacen que las prácticas gubernamentales sean similares, y Adorno plantea
en sus últimas conferencias diversas características que tienen estos tipos de estados, en
primer lugar, un líder autócrata que lleva adelante un plan de planificación maquiavélica
mediante el cual ejerce la administración de la muerte de las personas que considera gastos
para el estado (por ejemplo, los jubilados, pensionados, gente que vive de planes sociales,
etc.), y, también la proliferación de (lo que popularmente conocemos como) “fake news”,
escritas por un ejercito de trolls y retuiteadas por el mismísimo presidente, aunque según
una nota dada a Esteban Trebucq, dice que se monitorean constantemente para solucionar
problemas.
Estas “fake news” lo que hacen es propagar un idea errónea sobre algún tema sembrar
confusión y desde esta confusión generar la estigmatización de la cual la comunidad que
recibe la estigmatización no puede defenderse, ya que lo que se plantea queda como una
verdad instalada, y aceptada por el núcleo duro de sus votantes.
También plantea una forma de plantear una forma de descalificación mediante la cual
establece una práctica etnocentrica tan eficaz como repetida sin pensarla críticamente que
consiste en que “los que piensan como yo son los argentinos de bien, que quieren ser una
potencia mundial en 35 años, y los que están en contra son los zurdos empobrecedores que
hay que eliminar”, mediante la cual se erige una forma de seguimiento ciego del líder sin
poder establecer las discrepancias con el sistema socioeconómico y cultural que plantea y
las personas que se atreven a mantener cierta distancia crítica con los lineamientos
establecidos gubernamentalmente.
El artículo también plantea un largo recorrido histórico, muy interesante por cierto, hasta
que Perón llega al poder, y plantea que cuando este gana las elecciones tiene una
convivencia un tanto violenta con la prensa, pero si ambos presidentes tienen en común es
una adhesión a la propaganda un tanto desmesurada para poder mostrar sus virtudes, y a
partir de acá esconder sus puntos gubernamentales flojos.
En el primer artículo se hace un análisis histórico de cómo llega Perón al poder y según
José Luis Romero en Breve historia de la Argentina, la política de perón tiene tres ejes
principales: el primero, es que procuró acentuar los elementos emocionales de la adhesión
que le prestaba la clase obrera; el segundo, se logró establecer una organización sindical
rígida a través de la CGT, que agrupó a varios millones de afiliados; y, el tercero, el
gobierno mantuvo una política de salarios altos, a través de la gestión de contratos
colectivos de trabajo que generalmente concluían mediante una intervención directa del
Ministerio de Trabajo y Previsión.
Ambos presidentes, plantean y ejecutan una relación tirante con la prensa, Milei peleándose
en los reportajes que le da a sus amigos y Perón ejerciendo presión sobre ellos, y ambos
plantean tener discursos heréticos, es decir, discursos diferentes a los instituidos por la
ortodoxia (política) instituida, discursos que se adecuan al contexto con ciertas referencias a
otras corrientes políticas o conteniendo conceptos vagos, y en la cual la oposición no
encuentra las herramientas adecuadas para poder establecer un discurso fuerte que tenga la
fuerza suficiente como para mostrar otra alternativa a la establecida.
También estos dos presidentes tienen la capacidad de tener los discursos constituidos que se
articulan desde una posición de poder estatal, lo que le brinda el aumento exponencial de
legitimidad que cristalizan los valores que representan.
Ambos presidentes no caen en el arquetipo de los que en los regímenes totalitarios del siglo
XX se llama “fascismo” (sobre todo el régimen implantado en Italia por Benito Mussolini),
pero tienen estrategias similares para poder ejercer el poder desde su imagen más
autocrática y creando partidos políticos “a su imagen y semejanza”.
Si pensamos en como inició Benito Mussolini su carrera al poder cuando en 1922, frente
aun grupo de adeptos lanza un encendido discurso en contra del gobierno, y que si el
gobierno no entregaba el poder, marcharía sobre Roma, y cuatro días después marcharía
capitalizando el remordimiento de la sociedad. Perón por su parte, termina de construir su
imagen política el 17 de octubre de 1945 cuando es liberado de la prisión que estuvo en la
Isla Martín García, y da un discurso donde afirma que renuncia al ejército pero se convierte
en “el primer trabajador”, y este es el título que le dan los trabajadores. Javier Milei,
construye su carrera política trayendo ideas importadas de libros de Murray Rothbard y
Von Misses, entre otros autores, y marcando su enojo con los gastos que realiza el estado
en torno a diversos temas.
Todos estos líderes construyeron una imagen autocrática, y (aunque Javier Milei no le
guste) con una fuerte impronta estatal, de usar los emblemas estatales en todo momento,
desde los reportajes hasta los actos protocolares, y la construcción de una verticalidad
obscena.
Como conclusión insisto, en que si bien la palabra fascismo quedó vacía de significante,
todos estos tipos de gobiernos tan autócratas, tan personalistas, tienen el modus operandi
establecidos por estos tipos de regímenes, que se basan en la estigmatización y en el
ejercicio desmesurado del personalismo estatal.