
Yo vi un mundo distinto del que fue
o del que es: el que ustedes conocen.
Lo vi a las cuatro de la madrugada
cuando —difícil hora si las hay—
los potentes, potentísimos somníferos
que consumo
ya no tanto por obligación
cuanto por costumbre
no ejecutaban en mí el efecto esperado
porque no me dormí
según mi indiscutible juicio.
Procederé a narrar mis
contundentes visiones:
Sancho Panza era el caballero andante
más célebre de todos los tiempos
a cuya grandeza no se le podía semejar Napoleón
ni tampoco Alejandro
y el Cid a la par suya era un enano.
No montaba el rucio
sino a Bucéfalo
pero Bucéfalo tenía alas
(y no era Clavileño, no me tomen
por tonto, yo vi bien).
Don Quijote era su escudero
gordo, glotón
y desamorado, además de cobarde.
Estaba lleno de odio y resentimiento.
Se comentaba que había
andado con la sobrina
y que todos los libros de caballería
fueron quemados por él mismo.
Y —qué blasfemia casi indecible esta—
decía que Dulcinea era una prostituta
que no valía dos mangos
(en realidad dijo dos maravedíes).
Andaba montado en
(qué extraño, esto debe tener
algo que ver con
el cronista Cide Hamete que era árabe)
Al-Buraq, pero Al Buraq no tenía
ni alas ni rostro humano
más bien parecía
una cebra con cara de hiena
según vi (Mahoma no apareció
en esta visión
aunque lo invoqué
para que me explicara ese desatino).
Rómulo fundaba Atenas
mientras Eneas
no era hijo de Afrodita y Anquises
sino de Tetis y Polifemo.
Y a pesar de salir con vida de Troya
perecía en la Roma
incendiada por Nerón
o en la Pompeya volcánica
(todo no me fue revelado).
Aquiles era lento, moreno y retraído
además de miedoso
y para nada iracundo.
Patroclo se había
hecho amigo de Héctor
—algunos decían que eran amantes
yo escuché esas voces—
y habían huido juntos
de las barbaridades
acontecidas en la guerra.
Vi también que Cortázar
escribía
un cuento que no terminaba
nunca
y Borges construía una obra de teatro
que era un plagio
de la Antígona de Sófocles
quien a su vez no había escrito
nunca nada.
Esquilo moría de viejo y no por
una tortuga que le aplastaba el cráneo.
Teseo fundaba Fenicia
y luego Cartago
(y esto lo narraba en la visión
Heráclito
que también afirmaba casi enojado
que es imposible
no bañarse
siempre en el mismo río).
Aníbal entonces
azote de Roma
era descendiente
directo de Teseo.
Según mi visión
el infame Asterión
hijo adoptivo de Minos y Pasífae
(pero al toro lo mandó Posidón)
no existía, nunca existió.
Ismael, hijo de Abraham
y Agar la egipcia
era el padre de la nación judía
estirpe que siempre vivió en paz
y nunca fue perseguida
e Isaac engendró a todos
los príncipes árabes
gente pacífica y tolerante
sobre todo con las mujeres.
Hitler anduvo un rato —yo lo escuché
fuerte y claro—
predicando la paz mundial
y hasta se metió en huelga de hambre
para detener la
Guerra de Vietnam
y lo logró casi a costo
de su propia vida.
Lo más llamativo fue que su bigotito
estaba afeitado
quedaba mejor así, más ario.
El infame Gandhi
ese innominable monstruo
casi destruye el mundo
arrojando dos bombas nucleares
sobre la libertaria Londres.
Estados Unidos intervino
militarmente algunos países
para salvarles la democracia
la paz y la libertad, y lo logró.
Vi cuando algunos políticos nuestros
prometían cosas, y las cumplían.
El hambre era desterrada de nuestro suelo
arrancada de raíz
extirpada como un tumor
junto con los agroquímicos
que ya no enfermaban a nadie
porque se prohibían sin concesiones.
Los sojeros no protestaban
se alegraban de ser parte
de una productividad menos dañina
para la salud del pueblo.
Las tierras que por ley les corresponden
les eran devueltas
a los pueblos originarios.
El agua era potable
nítida, diáfana y pura
(repito que potable)
libre de todo vestigio arsenicoso.
Al rato me miré al espejo
para ver mi rostro, y era lindo.
Miré mi cuaderno de versos
y algunos hasta parecían bien escritos.
Luego, qué extraña anagnórisis
caí en la cuenta: me equivoqué de somnífero.
Poemario » El Somnífero», Emanuel Bibini
Simplemente brillante!!!