
La semana pasada la comunidad de Mechita amaneció con la buena noticia de que un circo había llegado a visitarla. Se trataba del circo Splendor, el mismo que año tras año visita esta y otras localidades de nuestra región. Los trailers se instalaron en el predio junto a los Bomberos Voluntarios y pronto levantaron la gran columna principal para sostener la carpa. El ánimo en el pueblo comenzaba a encenderse tímidamente. Es que el circo, histórica tradición multicultural de artes populares, posee un magnetismo especial que atrae a niños y adultos por igual: la gran carpa de los sueños dentro de la cual la magia existe y todos tienen permitido ser niños otra vez; el gesto rebelde del artista errante, la vida nómade; el vértigo del peligro o la carcajada irresistible ante la simple payasada de un clown.
A CONTRAMANO
Lamentablemente el día de ayer, los trabajadores del circo comenzaron los trabajos de desmonte y guardado, en pos de emprender nuevamente viaje, sin haber actuado. Es luego de varias tratativas, la Municipalidad no los autorizó a realizar sus funciones. A pesar de haber anunciado el gran estreno en los medios bragadenses, al parecer “cambios de último momento” en los requerimientos para obtener permiso oficial, hicieron que la presentación fuera suspendida.
“Nos comunicamos, como siempre hacemos, con 15 días de anticipación para preguntar qué documentación debíamos presentar para obtener autorización”, declararon desde el circo, “Llegamos con todo lo que nos pidieron, pero una vez acá, nos empezaron a pedir más cosas, así hasta hacernos imposible trabajar. De hecho, logramos arreglar con el Club Social y Deportivo de Mechita para realizar una función allí el día domingo. La estuvimos anunciando en el pueblo, pero al momento de la presentación, desde el municipio, también nos impidieron realizarla. Es la primera vez que nos pasa esto”. declararon desde el circo
NI CIRCO, NI CORSO
Es una verdadera pena que la Municipalidad no sepa o no quiera acompañar este tipo de propuestas de corte netamente popular, que reúnen a la comunidad en torno a un evento cultural de valiosísima tradición, sobre todo cuando ocurren en los siempre un poco olvidados “cuarteles”, y que son a la vez fuente de trabajo para no pocos artistas y emprendedores culturales independientes. Se recordará la polémica en torno a la realización de los corsos en Mechita y otras localidades, así como en el caso de la Fiesta del Ferroviario, que tuvo una curiosa edición puertas adentro del CSYDM. La cuestión es que desde las autoridades eligen en qué casos “facilitar” las gestiones y los permisos (incluso aportando recursos y hasta financiamiento) y en qué casos volverse intransigentes y obstaculizar por todos los medios la autorización para realizar eventos y el criterio para esa elección no parece estar muy claro, pero en todos los casos los perjudicados resultan ser siempre los trabajadores y emprendedores independientes por un lado, y la comunidad en general, privada de una opción ano elitista de esparcimiento, disfrute e intercambio cultural, por el otro.