
Jacques Derrida, define a la decisión como un elemento clave de la dimensión ética de la deconstrucción. Únicamente cuando el cálculo y la programación de lo que va a suceder son imposibles puede haber decisión y asunción de una responsabilidad. La decisión implica, pues, responsabilidad para acoger el “acontecimiento”.
Derrida, también, define al acontecimiento como aquello que sucede sin aviso previo, aquello que no es esperado y que, por tanto, hace que cualquier intento por preparado o propiciarlo sea baldío. Como se sabe si podrá ocurrir, su posibilidad está descartada de antemano. Es, pues, imposible.
Presento estos dos conceptos para analizar nuestro Game of thrones vernáculo, que suscita cuando el viernes pasado el presidente Javier Milei publica un mensaje y lo fija en la red social X, invitando a invertir en una criptomoneda, que es usualmente es denominada memecoin porque no hay sustento económico por detrás.
Apenas hizo el posteo el presidente en la red social, y lo fija; y, en este posteo estaba el contrato, para poder invertir.
Luego de cinco horas, el presidente retiró el mensaje de esta red social con un mensaje diciendo que no estaba interiorizado, y unos días después le dio una nota al periodista Jonatan Viale para la señal TN, y se viraliza un fragmento donde la última pregunta está interrumpida por el asesor presidencial Santiago Caputo intentando corregir al presidente y luego el periodista rehace a la pregunta de acuerdo a lo que le dice el presidente.
En ese acto se ve lo que es la decisión como un imposible donde cada hecho podía salir bien pero, como al poco tiempo cuando esta cripto subió a niveles exponenciales, los magnates vendieron todo retrocedió a un nivel ínfimo.
Luego comenzó a mostrarse las diversas conexiones entre estas personas y los círculos de poder de la República Argentina (especialmente en lo que se ha denominado como “círculo de hierro”).
El día de la entrevista, uno de estos (supuestos) inversores aclara que el presidente de la Argentina iba a dar una entrevista, en la cual los iba a limpiar y, especialmente, no iba a hablar mal de ellos.
Esto es que cada momento de decisión como un acto imposible, muestra que es mucho más saludable en muchas veces dejarse aconsejar (el presidente lo llamaría “adoctrinar”), para que cada vez que se va a decidir algo es necesario analizarlo (casi) ad infinitum para que en cada paso que se da sea seguro, y especialmente no se caiga en estas miniseries de denigración de la investidura presidencial.
Muchos periodistas y muchas personalidades del mundo de la política hablaron de manera bastante negativa sobre este hecho que muestra una mala acción del presidente y de su entorno, habitualmente denominado como el “círculo de hierro”, esto es, las personas que sostienen el gobierno.
También varios periodistas, que en diversos medios y con diverso sesgo ideológico marcaron que estaba descuidado y que el “círculo de hierro” lo único que hizo fue dejar como una persona volátil en sus decisiones.
Milei marca que este acontecimiento muestra que hubo una serie de reuniones tanto con Karina Milei y el mismísimo presidente Javier Milei, y se muestra en tres situaciones diferentes que se dan en el primer posteo cuando lo recomienda muy fuertemente; en el segundo, cuando afirma no estar muy interiorizado, y, en el tercero, en la entrevista cuando se muestra como un tecnoentusiasta.
Todo lo que planteo el presidente en campaña como una deconstrucción de la política, es decir, como una estrategia de lectura de los textos (usado en término amplio) y conceptos de la metafísica occidental que busca desentrañar su funcionamiento para superarlo.
Todo este hecho nos muestra que la corrupción no es de un solo sector sino que es transversal al poder, es una actividad enquistada desde tiempos inmemoriales en nuestra forma de erigir el poder (siempre hay excepciones).
Cada vez que ocurren estos hechos muestran que el acontecimiento y que la decisión implica un salto al vacío, en algunos textos Derrida los muestra como un acto de locura, porque implica una elección, y, cada vez que se produce una elección implica tener un compromiso ético, y este camino nos puede llevar a caminos incomprensibles, a caminos absurdos, a caminos aporéticos.
Todo este hecho que cada día que amanece trae nuevas ventanas, nuevos sucesos, que se muestran como testificaciones de un acontecimiento imposible que muestra la transversalidad de la corrupción y la necesidad de que el mesianismo sea solo un artilugio para mostrarse como líder pero no para ejercer el poder.
Todo esto, muestra también que, en términos de Jacques Derrida, que siempre hay una democracia “por venir”, esto es, que no se trata de un sistema político, ni, tampoco, se trata de un ideal regulativo, sino de la necesidad de pensar que la democracia no ha alcanzado aún su estado pleno y que por lo tanto hay que luchar por su perfectibilidad.
Nuestra democracia es relativamente joven por lo que se ha vivido en el siglo XX que entre 1930 y 1983 hubo una serie de golpes de estado que impedían pensar en libertad, que impedían poder ejercer la libertad de expresión y que fundamentalmente impedían mostrar que en la sociedad existen debates que es necesario dar para poder vivir en una forma cómoda.
Todo este Game of Thrones muestra que la sociedad argentina tiene muchos debates que dar para poder mostrar la madurez necesaria para afrontar acontecimientos muy duros como este, y, a la vez poder preguntar con la total libertad de que va a existir una explicación sin condicionamientos.
Somos una sociedad muy joven en el hecho de ejercer nuestra vida democrática, y aun los espectros de las dictaduras nos persiguen y se nos presentan todos nuestros temores y los hechos que nos causaron todos los traumas.