
Presentación para nuestros lectores y amigos
Soy Elizabeth Mónica Fariña. Tengo 56 años. Nací en CABA, aunque en esa época se le decía Capital, y desde chica, además de familia afectuosa y de juegos, me rodearon libros. Con el tiempo fui descubriendo que los libros son también juegos, pero de otro nivel, y como todos los juegos suelen atraparme, también lo hicieron esos, los libros, los de los estantes de mi casa, los de arriba de la mesa de luz de mis viejos, los de la biblioteca de mi colegio, los que mi mamá me compraba cada mes y yo incorporaba tan rápido que después había que esperar varios días hasta la próxima entrega, los que mi papá leía cada noche en su sillón… Fui aprendiendo que los libros dan información, que pueden entretener, que distraen… Pero lo más importante fue el proceso de anagnórisis de reconocerme en ellos. Y es que así: me encuentro en las líneas de los libros. A veces, tal cual me veo; a veces, con experiencias y sensaciones de las que aún no me rendí cuenta. Pero allí estoy, como me sucede con las canciones de mi artista favorito que siempre tiene algo que decir sobre mi vida, como si me conociera. Y es que me conoce, como los libros nos conocen. Creemos que los leemos, pero ya fuimos leídos por ellos.
Y así como me atrajeron los libros de texto de la ciencia médica y psicológica (soy médica psiquiatra y psicoterapeuta desde hace más de 30 años), después me fascinaron aquellos más parecidos a los de mi infancia y mi adolescencia, los que hablan del pensamiento, de la vida, del cuerpo no tangible humano. Y fue tan novedoso descubrir que se puede amar a más de un amor, que me zambullí, mojada aún por las aguas de mi primera carrera, en el río de la de Letras. Y por allí circulo, amando a ambas y siendo infiel a ambas a la vez. Es sorprendente hallar verdades en escritos de hace muchos siglos; es inspirador descubrir cómo el canon ha eclipsado tanta literatura espléndida; es interesante incursionar en recodos vírgenes y encontrar también allí gemas, y es reparador, hasta diría: «es justo y necesario», compartir este tesoro y des-ocultarlo para conocer, conocernos, entender, y que una frase nos haga decir: «Parece escrito hoy», y otra: «Nunca lo había pensado así«.
Si la literatura nos interpela, entonces estamos vivos. Pretendo esto y nada más que esto: ser el instrumento de esa interpelación en este diario, cada semana.